Una encuesta electoral no predice quién ganará una elección: fotografía las preferencias de una población en un momento y bajo determinadas condiciones metodológicas. La diferencia es crucial rumbo a 2027, cuando comenzarán a multiplicarse mediciones que colocarán candidatos y partidos “arriba” o “abajo”, aunque todavía falten meses para votar, existan electores indecisos y, en algunos casos, ni siquiera estén definidas las candidaturas.
La edición de El Universal del 18 de agosto de 2026 ofrece un ejemplo útil. En su cobertura sobre la sucesión en Zacatecas presenta mediciones de preferencias rumbo a la elección de gobernador de 2027 y coloca a Ulises Mejía Haro como uno de los perfiles mejor posicionados. La lectura correcta, sin embargo, no es que la encuesta haya determinado quién será el próximo gobernador, sino que registra cómo respondieron los entrevistados cuando se levantó el estudio y ante las opciones específicas que les fueron presentadas.
La diferencia entre ambas afirmaciones parece pequeña, pero es una de las claves para no convertir una encuesta en propaganda.
¿Qué mide realmente una encuesta electoral?
Una encuesta intenta estimar las opiniones o preferencias de una población a partir de una muestra.
Si pregunta:
“Si hoy fueran las elecciones, ¿por quién votaría?”
la palabra fundamental es “hoy”.
El resultado indica lo que los entrevistados declararon en el momento del levantamiento, no necesariamente lo que harán el día de la elección.
Entre una medición realizada en agosto de 2026 y una elección en 2027 pueden ocurrir cambios de candidatos, campañas, alianzas, rupturas partidistas, escándalos, debates, acontecimientos económicos, decisiones gubernamentales y modificaciones en la participación esperada.
Por eso, decir:
“X tiene 35% de intención de voto”
no es lo mismo que afirmar:
“X obtendrá 35% de los votos”.
La primera frase describe una medición. La segunda intenta predecir un resultado futuro.
¿Una encuesta dice quién va a ganar?
No necesariamente.
Puede mostrar quién tiene ventaja en el momento en que se realiza la medición, pero no garantiza que esa ventaja se conserve hasta la jornada electoral.
La American Association for Public Opinion Research (AAPOR), una de las organizaciones de referencia internacional en investigación de opinión pública, advierte que las encuestas preelectorales proporcionan una estimación de preferencias en un momento determinado y no deben interpretarse automáticamente como predicciones. AAPOR: Best Practices for Survey Research
Hay además una variable que las encuestas no controlan completamente:
quién terminará saliendo a votar.
Una persona puede responder que prefiere a determinado partido y posteriormente no acudir a las urnas. Otra puede declararse indecisa durante meses y tomar una decisión en los últimos días.
¿Qué debemos revisar antes de creer en una encuesta?
El porcentaje que aparece en una gráfica es apenas el final de un proceso metodológico.
Antes de interpretar quién “va arriba”, conviene buscar al menos estos elementos:
| Elemento | ¿Por qué importa? |
|---|---|
| Quién hizo la encuesta | Permite conocer al responsable metodológico |
| Quién la pagó | Ayuda a identificar posibles intereses |
| Fecha de levantamiento | Indica qué momento político refleja |
| Tamaño de la muestra | Influye en la precisión estadística |
| Población estudiada | No es igual entrevistar población adulta que electores registrados |
| Método de entrevista | Vivienda, teléfono, internet y otros métodos pueden alcanzar poblaciones distintas |
| Método de selección | Determina cómo llegaron las personas a la muestra |
| Pregunta exacta | Una modificación en la redacción puede cambiar respuestas |
| Opciones presentadas | Importa saber si se mencionaron nombres, partidos o alianzas |
| Indecisos/no respuesta | Pueden representar una proporción capaz de modificar el escenario |
| Margen de error | Ayuda a saber cuándo una diferencia puede no ser estadísticamente concluyente |
Una encuesta sin ficha metodológica ofrece mucha menos información para evaluar la confiabilidad de sus resultados.
¿Qué significa que un candidato tenga “35%”?
Supongamos una encuesta hipotética:
- Candidata A: 35%
- Candidato B: 30%
- Candidato C: 15%
- Indecisos: 20%
La lectura periodística apresurada sería:
“A aventaja por cinco puntos y ganaría la elección”.
Pero los datos únicamente permiten afirmar:
“A registra cinco puntos más de preferencia que B en esta medición”.
¿Por qué?
Porque todavía existe un 20% sin decisión declarada y porque los porcentajes obtenidos mediante una muestra son estimaciones, no conteos de todos los electores.
¿Qué es el margen de error?
Es uno de los conceptos más mencionados y peor utilizados en las encuestas.
Una encuesta trabaja con una muestra porque normalmente no es posible entrevistar a todos los ciudadanos.
Esa estimación incorpora incertidumbre estadística.
Imaginemos una encuesta con un margen de error aproximado de ±3 puntos porcentuales.
Si registra:
Candidato A: 35%
Candidato B: 33%
no basta con observar los dos puntos de diferencia para declarar que A tiene una ventaja estadísticamente clara.
Los valores estimados tienen incertidumbre.
Y todavía hay algo más: el margen de error tradicional sólo refleja el error asociado al muestreo bajo determinados supuestos; no captura todos los problemas posibles de una encuesta, como personas que se niegan a responder, errores de medición, cobertura insuficiente o una estimación equivocada de quién efectivamente acudirá a votar.
AAPOR explica precisamente que el margen de error no representa todas las fuentes potenciales de error de una investigación. AAPOR: Margin of Sampling Error/Credibility Interval
¿Qué significa un “empate técnico”?
Es una expresión muy utilizada en México, pero puede inducir a error.
Cuando dos estimaciones están suficientemente próximas considerando su incertidumbre estadística, los datos pueden no permitir establecer con confianza cuál de los dos candidatos tiene realmente mayor respaldo en la población.
Eso no significa necesariamente que ambos tengan exactamente la misma intención de voto.
Por ejemplo:
A: 34%
B: 32%
Una gráfica muestra dos puntos de diferencia.
Pero dependiendo del diseño y precisión de la encuesta, esos dos puntos pueden ser insuficientes para concluir que existe una ventaja estadísticamente significativa.
Por eso resulta más preciso escribir:
“La encuesta no permite establecer una ventaja estadísticamente concluyente”
que convertir automáticamente cualquier diferencia pequeña en una carrera con ganador.
¿Qué pasa con los indecisos?
Pueden cambiar completamente la lectura.
Supongamos:
A: 30%
B: 27%
C: 15%
Indecisos: 28%
Decir que A “ganará” porque aventaja por tres puntos ignora que más de una cuarta parte de los entrevistados todavía no expresa una preferencia.
También hay que revisar cómo publica cada encuestadora sus porcentajes.
Algunas muestran la preferencia bruta, conservando indecisos y no respuesta.
Otras presentan una preferencia efectiva, eliminando esas respuestas y redistribuyendo o recalculando los porcentajes únicamente entre quienes sí expresaron una opción.
Eso puede hacer que los números parezcan muy diferentes aunque procedan de la misma encuesta.
¿Qué diferencia existe entre preferencia bruta y preferencia efectiva?
Veamos un ejemplo sencillo.
Una encuesta obtiene:
- Partido A: 32%
- Partido B: 25%
- Partido C: 13%
- Indecisos/no respuesta: 30%
Esos porcentajes constituyen una presentación bruta.
Si eliminamos el 30% que no eligió partido y calculamos la proporción únicamente sobre quienes sí expresaron preferencia, obtenemos aproximadamente:
- Partido A: 45.7%
- Partido B: 35.7%
- Partido C: 18.6%
La encuesta es la misma.
Los entrevistados son los mismos.
Pero un titular podría decir “A tiene 32%” y otro “A alcanza casi 46%”.
Ambos porcentajes pueden derivarse matemáticamente del mismo estudio.
Por eso siempre debemos preguntar:
¿el porcentaje incluye o excluye a los indecisos?
¿Qué es un careo electoral?
Es una simulación.
La encuestadora presenta una combinación específica de candidatos y pregunta por quién votaría el entrevistado.
Por ejemplo:
Candidato A vs. Candidata B vs. Candidato C.
El resultado solamente describe ese escenario.
Si se sustituye a uno de los candidatos, cambia la pregunta y potencialmente cambian las respuestas.
Esto es especialmente importante cuando todavía no existen candidaturas oficiales.
La edición de El Universal sobre Zacatecas presenta distintos indicadores y perfiles rumbo a 2027. Ese material puede ser útil para observar el estado actual de la competencia, pero no significa que las combinaciones analizadas sean necesariamente las que aparecerán en la boleta electoral.
¿Qué significa que alguien encabece las preferencias internas de un partido?
Tampoco significa que vaya a ser candidato.
Una encuesta puede preguntar:
“¿Quién preferiría que fuera candidato de Morena?”
y encontrar que determinado político ocupa el primer lugar.
Eso mide preferencia entre los nombres presentados.
La candidatura dependerá posteriormente de las reglas partidistas, convocatorias, requisitos electorales, alianzas, negociaciones y decisiones internas.
Por eso existen tres preguntas diferentes:
- ¿Quién es conocido?
- ¿A quién prefieren como candidato?
- ¿Por quién votarían en una elección constitucional?
Los porcentajes de una no pueden trasladarse automáticamente a las otras.
¿Reconocimiento de nombre equivale a intención de voto?
No.
Un político puede ser conocido por 80% de los ciudadanos y tener una intención de voto mucho menor.
El conocimiento solamente responde, dependiendo de la metodología, a preguntas como:
“¿Conoce o ha escuchado hablar de esta persona?”
No necesariamente significa:
“¿Votaría por ella?”
Incluso puede existir un candidato con enorme reconocimiento pero elevada opinión negativa.
Por eso una medición completa puede incluir:
conocimiento + opinión positiva/negativa + preferencia interna + intención de voto.
Son indicadores distintos.
¿Qué debemos entender de la encuesta rumbo a Zacatecas 2027?
La información publicada por El Universal permite conocer cómo aparecen distintos perfiles políticos de Zacatecas en la fotografía demoscópica presentada en esta edición.
Eso puede servir para:
- detectar quiénes comienzan mejor posicionados;
- identificar posibles aspirantes;
- observar fortalezas partidistas;
- medir reconocimiento;
- comparar escenarios;
- seguir tendencias si posteriormente existen nuevas mediciones comparables.
Pero no permite declarar hoy quién será gobernador de Zacatecas en 2027.
Falta demasiado proceso político y electoral.
¿Cuándo sí comienza a ser importante una tendencia?
Cuando existen varias mediciones comparables a lo largo del tiempo.
Una sola encuesta es una fotografía.
Una serie puede convertirse en una película.
Supongamos:
| Mes | Candidato A | Candidato B |
|---|---|---|
| Agosto | 35% | 27% |
| Octubre | 33% | 30% |
| Enero | 31% | 32% |
| Marzo | 29% | 35% |
La primera encuesta mostraba a A ocho puntos adelante.
Si sólo conserváramos esa fotografía, tendríamos una impresión completamente distinta de la evolución posterior.
Por eso importa analizar tendencias, pero idealmente utilizando estudios metodológicamente comparables.
Cambiar de encuestadora, metodología, población objetivo o forma de preguntar puede producir variaciones que no necesariamente representan un cambio real de opinión.
¿Todas las encuestas deberían dar exactamente el mismo resultado?
No.
Dos encuestadoras pueden medir la misma elección durante fechas similares y obtener números distintos sin que necesariamente una de ellas esté manipulando datos.
Pueden cambiar:
- selección de muestra;
- ponderaciones;
- entrevistas telefónicas o presenciales;
- cuestionario;
- orden de candidatos;
- tratamiento de indecisos;
- estimación de participación;
- fechas exactas del trabajo de campo.
Lo importante es que la metodología sea transparente y permita evaluar cómo se obtuvieron los resultados.
¿Quién regula las encuestas electorales en México?
Cuando se trata de encuestas sobre preferencias electorales publicadas durante procesos electorales federales, existen obligaciones y criterios establecidos por el Instituto Nacional Electoral.
El INE mantiene un apartado específico sobre encuestas electorales y explica las reglas, estudios y documentación que deben entregarse en los casos previstos por la normatividad. INE: Encuestas electorales
Esto tampoco significa que el INE “certifique” que una encuesta acertará.
La autoridad establece reglas de transparencia y fiscalización, pero una encuesta sigue siendo una estimación estadística realizada por quien la publica o contrata.
¿Cómo detectar una encuesta presentada de manera engañosa?
Hay algunas señales que justifican revisar con mayor cuidado el estudio:
- no aparece quién realizó la encuesta;
- no se informa cuándo se levantó;
- no se identifica el tamaño de muestra;
- se oculta la pregunta utilizada;
- no se explica el método de entrevista;
- se presenta una diferencia mínima como una victoria segura;
- desaparecen los indecisos sin explicar cómo se calcularon los porcentajes;
- se compara una encuesta telefónica con otra presencial como si fueran idénticas;
- se utiliza un estudio de meses atrás como si reflejara la situación actual;
- un aspirante utiliza la encuesta para proclamarse ganador de una elección que todavía no ocurre.
Ninguna de estas señales demuestra automáticamente que una encuesta sea falsa.
Pero sí indica que hace falta información antes de interpretar sus porcentajes.
¿Puede una encuesta influir en el voto?
Puede influir en la conversación pública.
Una medición puede producir narrativas como:
“ya alcanzó al puntero”,
“es el único que puede ganar”,
“la elección está definida”,
o “el candidato se desplomó”.
Esas narrativas pueden modificar cobertura mediática, estrategias de campaña, financiamiento, alianzas y percepción de competitividad.
Precisamente por ello los porcentajes deben presentarse acompañados de metodología y contexto.
Una encuesta no sólo mide una competencia política: su publicación también puede convertirse en parte de esa competencia.
Lo publicado y lo que falta comprobar
| Afirmación | Qué podemos concluir |
|---|---|
| Una encuesta coloca a un político en primer lugar | Describe la medición realizada |
| El primer lugar de una encuesta será candidato | No necesariamente |
| El primer lugar ganará la elección | No puede concluirse |
| Una ventaja de dos puntos siempre significa que alguien va adelante | Depende de la incertidumbre y metodología |
| Los indecisos no importan | Falso |
| Preferencia bruta y efectiva son lo mismo | No |
| Mayor conocimiento significa mayor intención de voto | No |
| Un careo muestra el resultado definitivo | No; analiza una combinación específica |
| Una encuesta es una fotografía del momento | Sí |
| Varias encuestas comparables permiten observar tendencias | Sí, con las debidas precauciones |
| El INE regula aspectos de las encuestas durante los procesos electorales | Sí |
| El INE garantiza que una encuesta vaya a acertar | No |
Preguntas frecuentes
¿Quién va arriba en una encuesta necesariamente ganará?
No. Significa que aparece adelante en esa medición y bajo esa metodología.
¿Qué es intención de voto?
Es la preferencia declarada por los entrevistados ante una pregunta electoral. No es un voto depositado en una urna.
¿Qué significa un margen de error de ±3%?
Indica un nivel de incertidumbre asociado a la estimación muestral bajo determinados supuestos. No significa que todos los errores posibles de la encuesta estén contenidos en esos tres puntos.
¿Qué son los indecisos?
Personas que al momento de la entrevista no expresaron una opción electoral determinada o que, dependiendo del cuestionario, respondieron que todavía no saben por quién votar.
¿Qué es preferencia efectiva?
Una presentación que calcula los porcentajes sobre quienes sí expresaron una preferencia, excluyendo determinadas respuestas como indecisos o no respuesta. Hay que revisar exactamente cómo la define cada encuestadora.
¿Una encuesta realizada un año antes de la elección sirve?
Sí, para conocer el escenario de ese momento. Su capacidad para describir lo que ocurrirá muchos meses después es limitada.
¿Es mejor revisar una encuesta o varias?
Varias. Especialmente cuando provienen de organizaciones transparentes y permiten observar resultados a través del tiempo.
¿El tamaño de muestra es lo único importante?
No. También importan la selección de entrevistados, cobertura, ponderación, cuestionario, método de levantamiento, fechas y tratamiento de las no respuestas.
Rumbo a las elecciones de 2027 veremos cientos de porcentajes acompañados de verbos como “lidera”, “aventaja”, “rebasa”, “alcanza” o “se desploma”.
No necesariamente estarán equivocados. El problema comienza cuando esos verbos se convierten en “ganará”.
La encuesta publicada sobre Zacatecas en la edición de El Universal del 18 de agosto sirve para conocer cómo se encuentra hoy la competencia y qué personajes comienzan a posicionarse. Pero entre esa fotografía y las urnas todavía existen candidaturas por definir, campañas por realizar, electores indecisos y acontecimientos imposibles de anticipar.
La regla más sencilla para leer cualquier encuesta rumbo a 2027 es ésta:
una encuesta mide preferencias; una elección cuenta votos.
Y hasta que los ciudadanos depositen esos votos en las urnas y la autoridad realice el cómputo correspondiente, ningún porcentaje de intención de voto debe confundirse con un resultado electoral.



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