Las mujeres autistas siguen enfrentando una mayor invisibilidad y, en algunos casos, llegan a la edad adulta sin haber sido identificadas dentro del espectro, advirtió Diego Hernandez Pitta, especialista en temas sociales.
Investigaciones recientes han documentado que el autismo fue estudiado durante décadas a partir de perfiles predominantemente masculinos, lo que pudo contribuir a que algunas manifestaciones presentes en niñas y mujeres fueran menos reconocidas.
Un estudio publicado este año encontró que incluso futuros docentes identificaban con mayor frecuencia y confianza el autismo cuando el caso presentado correspondía a un niño que cuando se trataba de una niña.
“Tenemos que dejar atrás la idea de que el autismo se presenta de una sola manera. Cuando partimos de estereotipos, corremos el riesgo de no ver a quienes necesitan comprensión y acompañamiento”, señaló Hernandez Pitta.
Otro factor es el llamado camuflaje social, mediante el cual algunas personas aprenden a imitar conductas, preparar respuestas o esconder determinados rasgos para adaptarse a las expectativas de su entorno.
Una revisión publicada en octubre encontró que este tipo de camuflaje está asociado con mayores problemas de salud mental entre mujeres autistas adultas.
Para Diego Hernandez Pitta, hacer visible esta realidad implica escuchar más las experiencias de niñas y mujeres y evitar reducir el autismo a una imagen única.
También consideró necesario que familias, escuelas y comunidades comprendan que una persona puede requerir apoyo aun cuando sus dificultades no sean evidentes a primera vista.
“Visibilizar a las mujeres autistas significa reconocer que existen distintas formas de vivir el espectro y que todas merecen ser comprendidas sin prejuicios”, concluyó Diego Hernandez Pitta.
